LAS FUENTES DEL CURRICULUM
La fuente psicopedagógica
La fuente psicopedagógica
•
Psicológica: Considera las concepciones y teorías sobre el desarrollo
y el aprendizaje que se toman como referencia a la hora de decidir la
metodología, la selección y formulación de los objetivos y la organización de
los contenidos.
•
Pedagógica: Tiene que ver con las concepciones teóricas que uno
sostiene acerca de cómo se debe enseñar, tanto en general, como en lo que
afecta a una determinada materia o contenido.
La fuente psicopedagógica suministra
información sobre cómo aprenden los alumnos, y, concretamente, cómo construyen
los conocimientos científicos. Estos datos se han ido conformando a partir de
la psicología cognitiva y, en los últimos años, de las investigaciones que se
han realizado desde el campo de la didáctica de las ciencias. Sin embargo, es
difícil separar las aportaciones de cada fuente curricular, ya que los estudios
desde la epistemología de la ciencia han colaborado también a entender cómo se
aprende ciencia a partir de las reflexiones sobre la construcción del saber
científico. Además, se ha visto la gran incidencia que tiene en la motivación
para el aprendizaje científico el hecho de relacionar la ciencia con las
necesidades y problemas sociales.
Desde hace poco más de dos décadas se ha
asistido al desarrollo de un nuevo cuerpo de conocimientos desde la didáctica
de las ciencias, que ha supuesto un avance importantísimo en la comprensión de
las dificultades que presentan los alumnos para entender los conocimientos
científicos, y, sobre todo, se han abierto nuevas perspectivas de investigación
en la búsqueda de estrategias didácticas coherentes con los nuevos modelos de
aprendizaje propuestos.
La fuente epistemológica
Se
refiere a las exigencias que imponen al diseño curricular las características propias
de las disciplinas que se toman como referencia al seleccionar y organizar los
contenidos. La fuente epistemológica es la que emana de las
disciplinas y contribuye a la búsqueda de su estructura interna, su constructo
y su concepción (Coll, 1987). Por
otra parte, la concepción de cómo se genera el conocimiento científico, a
través de diferentes épocas, ha tenido generalmente una correspondencia con una
determinada manera de entender cómo aprenden las personas; de la consideración
de ambas variables se han deducido unas estrategias o modos de enseñar (Gil,
1983). A la luz de estas relaciones se han analizado diversos modelos de
enseñanza-aprendizaje que el profesorado sigue en el aula, de cuyas bases
epistemológicas y psicológicas no siempre es consciente.
La ciencia se puede presentar a los
estudiantes como un conjunto de contenidos cerrados o definitivos o puede
transmitirse como una materia en continuo proceso de elaboración, que se genera
en la medida que trata de dar respuesta a los problemas científicos que la
humanidad sucesivamente se plantea.
Se puede concebir la ciencia como una
materia de conocimiento acumulativo que crece de manera «vertical», donde cada
científico agrega un piso más a los ya consolidados, o puede entenderse como un
crecimiento basado en sucesivas rectificaciones, resultado de la superación de
múltiples obstáculos y de rupturas paradigmáticas.
Puede darse la idea de que el
conocimiento científico es una construcción personal, producto del seguimiento
de unas reglas perfectamente ordenadas que configuran un llamado método
científico, o propiciar la comprensión de la ciencia como una construcción
social e histórica, condicionada por el pensamiento dominante de la época, que
a menudo se ha generado de manera diversa, sin responder a unas pautas fijas de
un supuesto método universal.
Además, puede comunicarse a los
estudiantes que la ciencia procura verdades objetivas, indiscutibles, neutras,
o bien que en sus aportaciones influye en gran medida el contexto social y
particular, por lo que contendrá abundantes componentes subjetivos, interesados
y, por lo tanto, no siempre neutros. Podrá transmitirse, en definitiva, como un
conjunto de conocimientos al margen de los sistemas de valores, o claramente
involucrada y contaminada por ellos.
Existe una relación entre la imagen de
la ciencia que se ha proporcionando a través de su enseñanza, y la concepción
filosófica que se ha ido sustentando en distintas épocas sobre qué es y cómo se
genera el conocimiento científico, aunque ambos aspectos, educativo y
epistemológico, no siempre coincidan en el tiempo.
La fuente social
Hace referencia al conjunto de demandas que la
sociedad realiza a un proyecto de formación determinado y tiene como finalidad
adecuar ese proyecto a las necesidades, valores y expectativas sociales. Se analizan los requerimientos sociales y culturales que el medio formula a
la escuela. Aquí el curriculum aparece como mediador entre la sociedad y las
instituciones, dando cabido a todos los requerimientos.
Los sociólogos consideran que el análisis de la sociedad, de sus problemas,
de sus necesidades y de sus características, debe ser la fuente de información
principal para precisar la intenciones curriculares.
Últimamente la fuente social ha adquirido una especial relevancia. El
análisis sociológico permite, entre otras cosas, determinar las formas
culturales o contenidos cuya asimilación es necesaria para que los alumnos
puedan convertirse en miembros activos de la sociedad y agentes, a su vez, de
creación cultural. Permite, asimismo, asegurar que no se produce ninguna
ruptura entre la actividad escolar y la extraescolar (Coll, 1987).
La escuela es dependiente del sistema social. Las relaciones entre
educación y sociedad no van en una sola dirección (de la sociedad a la
escuela), sino que son multidireccionales. Cada sociedad tiene unas demandas
específicas acerca de lo que espera de la escuela. Se vinculan generalmente a funciones
sociales importantes: socialización de nuevas generaciones y preparación para
sus futuras responsabilidades como adultos, dentro de una concreta organización
del trabajo y de los roles sociales.
La educación sirve, por lo tanto, a fines sociales y no solo a fines
individuales. La escuela forma parte de una determinada sociedad y educa para
ella, transmitiendo conocimientos, técnicas y procedimientos, así como el
patrimonio cultural. Pero conjuntamente con ello transmite también los valores
sociales y las ideologías dominantes. Sin embargo, la educación puede despertar
en los alumnos un sentido crítico ante las actitudes y relaciones sociales
dominantes, permitiendo tomar distancia respecto a los valores e ideologías
establecidos. La clarificación explícita de las intenciones educativas y de los
contenidos de enseñanza facilita su posible crítica y contribuye a la madurez
de los alumnos. Como consecuencia de esta madurez, y a través de ella, coopera
a la creación de ciudadanos que serán capaces de modificar las relaciones
sociales existentes (Diseño curricular base español, 1989).
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